L os mensajes de socorro transmitidos por los tripulantes del 'Alakrana' a sus familiares y, a través de éstos, a la opinión pública constituyen la única fotografía de situación con la que la ciudadanía cuenta para percibir el alcance del drama que viven los 36 secuestrados. Son testimonios que provocan una sensación de inquietud extrema rayana con la fatalidad, ante la que la cautelosa actuación de los poderes públicos queda inevitablemente sobrepasada. La imposibilidad de que cualquier declaración por parte del Gobierno pudiera insuflar el optimismo preciso para contrarrestar el miedo a lo peor fue corregida momentáneamente con el anuncio, por parte del ministro Moratinos, de que los tres marineros desembarcados el jueves, sin duda siguiendo una táctica de presión, han sido devueltos al 'Alakrana'. Pero esta chispa de esperanza no basta para alumbrar el incierto túnel que representa este cautiverio, que los piratas pueden acabar convirtiendo en ejercicio práctico para perpetuar su actividad con la máxima eficacia en unas aguas que la comunidad internacional ha sido incapaz de poner bajo control.
Las concentraciones convocadas para hoy por los familiares de los secuestrados, tanto en el País Vasco como en Galicia, serán la expresión natural del deseo unánime de la sociedad española de que la tripulación del 'Alakrana' vea pronto su libertad. Pero es seguro que el eco del clamor encarnado por los familiares no conmoverá a los piratas que mantienen en su poder el atunero y a su tripulación, y que se disputan con otros grupos la salvaje potestad de abordar los buques que se acercan a las costas de Somalia. Por eso es importante que las reivindicaciones expresadas por los familiares, incluida la más comprometida de la puesta en libertad de los dos piratas que se encuentran a disposición de la Audiencia Nacional, sean compatibles con esa mínima confianza que los directamente afectados por el secuestro han de mantener sobre la actuación del Gobierno y la de los distintos servicios del Estado; los cuales están centrando todos sus esfuerzos en la resolución humanamente más satisfactoria de la crisis.
Es lógico que el entorno de los rehenes quiera despejar cualquier obstáculo que se interponga entre el angustioso anhelo por traer a sus seres queridos a casa y las exigencias que puedan estar planteando sus secuestradores. Pero tal y como seguramente indica la devolución al 'Alakrana' de los tres desembarcados, es probable que estemos asistiendo a un endiablado juego de presiones por parte de los piratas, cuyo único objetivo es obtener el mayor rescate posible por el atunero vasco para, así, abrir nuevos cauces al terrorífico negocio del abordaje en alta mar. Entre tanto, la unidad, aunque sea costosamente alcanzada, como ayer en el Parlamento vasco, es un elemento importante de estabilidad.