¡Ha ocurrido algo increíble! La ciencia ha salido a la calle. Las paredes de las aulas no han sido capaces de contener este aluvión de conocimiento. Los estudiantes, ni cortos ni perezosos, se han convertido en divulgadores científicos en toda regla. La prueba está en la sala de exposiciones del centro cultural Caja Rioja-La Merced. Una exposición es la responsable de tal desaguisado. Su nombre, ya muy conocido, es 'Divulgaciencia 2009'.
Tan singular muestra fue inaugurada ayer en un marco caracterizado por el ir y el venir de decenas de estudiantes-científicos: una sección de submarino por aquí, matraces por allá, una legión de bioindicadores por no sé sabe muy bien dónde... 'Divulgaciencia 2009' presenta diecisiete proyectos científicos y tecnológicos firmados por alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), Bachillerato y Ciclos Formativos.
Aitor, David, Jonatan y Rubén, por ejemplo, han creado una maqueta virtual de la abadía cisterciense de Santa María del Salvador de Cañas. Son estudiantes de Administración de Sistemas Informáticos del instituto Comercio. El cenobio aparece en la pantalla. El observador, mando de la consola Wii en ristre, dirige la maniobra. Penetra en el templo. Avanza por el crucero. Curiosea aquí y allá. Se aproxima a la bóveda. El monasterio, de repente, se antoja manejable como una manzana.
La casa de Darwin
'Divulgaciencia 2009', además de una exposición que alcanza este año su tercera edición, es un certamen científico. Los autores de los cinco mejores proyectos, uno por ciclo educativo (primer y segundo ciclo de ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos de Grado Medio y Superior), viajarán a Inglaterra. Conocerán allí la casa-museo del científico Charles Darwin y la Universidad de Cambridge.
Teresa, Juan, Isabel y Lidia son estudiantes de tercero y cuarto de la ESO en el colegio Sagrado Corazón de Arnedo. Su proyecto se llama 'La física de los accidentes de tráfico'. Han analizado la siniestralidad vial desde la perspectiva de la física. Un circuito de Scalextric revela a las claras la importancia capital del peralte de la calzada. Han calculado, además, la equivalencia en altura de una colisión automovilística. Los resultados son sorprendentes. Un choque a ochenta kilómetros por hora equivale a una caída desde un séptimo piso. Si el siniestro ocurriera a cien kilómetros por hora, el impacto sería similar a una caída desde una undécima planta.
Los proyectos son resultado del trabajo de 65 estudiantes-científicos. Cada propuesta ha sido coordinada por un profesor. Unos y otros acudieron ayer a la inauguración oficial de la muestra. El director de la Fundación Caja Rioja, Arturo Colina, apuntó que el objetivo de la exposición es que «la divulgación científica se convierta en algo cotidiano». El director general de Universidades y Formación Permanente, José Abel Bayo, destacó que «hay proyectos muy interesantes y que algunos podrían llegar a ser explotados en un futuro no muy lejano».
El porqué de las cosas
El recorrido incluye pizarras multitáctiles, sorpresas sobre el triángulo de Pascal, ingenios robóticos que atrapan gominolas o vehículos exploradores a control remoto. El centro cultural, en pocas palabras, ha sido transfigurado en un museo científico en el que los estudiantes se han propuesto explicar el porqué de las cosas. Los autores, esos sesenta y tantos estudiantes, presentarán sus trabajos al público en las tardes de los próximos tres sábados. La visita es obligatoria. No lo dude, lector.